Hermandad del Cristo 2014

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Hermandad del Cristo 2014

Mensaje por Cofrade de a pie el Sáb Abr 19, 2014 3:44 am

Ejemplar en el desfile procesional, rigurosa en la representación del luto y en exhibición impoluta de recogimiento, realizó su estación de penitencia la hermandad del Santísimo Cristo de San Pedro, María Santísima de las Angustias, Nuestra Señora del Rosario y San Juan Evangelista.



† Los Crucificados de Nicodemo y el Cristo de San Pedro...†

Un halo de misterio, donde la historia, la tradición y el mito se entremezclan, parece rodear el origen y aparición de la sagrada efigie del Santísimo Cristo de San Pedro.

Según una piadosa leyenda, corría el siglo XV cuando llega a la villa de Marchena la imagen del Cristo de San Pedro. La señora de Marchena, esposa del Duque de Arcos y Señor de la Villa, había fundado un hospital en la calle Luis de Alcahudete, casa que para este fin había donado la familia Saavedra. Era su deseo que un Crucificado presidiera el retablo mayor de la capilla de la nueva fundación, que se destinaba al socorro de enfermos pobres. Al parecer dos forasteros arribaron a Marchena, dirigiéndose al hospital donde comunicaron al capellán de la institución, que traían una efigie de Cristo guardado en un cajón.

El clérigo quedó sorprendido y convino con los extraños visitantes que a la mañana siguiente vería lo que traían, quedando mientras la imagen depositada en la capilla y sus portadores alojados en el hospital. Al levantarse al día siguiente, la caja permanecía en la capilla pero los visitantes habían desaparecido. Avisó entonces a las autoridades civiles y eclesiásticas. En presencia de todos narró la siguiente historia: "los testigos de estos hechos acaecidos han desaparecido, pero aquí está el cajón con un crucificado dentro, uno de ellos me contó: la imagen del crucificado que hemos traído es semejante a la figura de Nuestro Señor cuando expiró, las manos que la hicieron fueron las mismas que ayudaron a bajar de la cruz su cuerpo. Fue tan fuerte la impresión que dejó el rostro muerto del Señor en Nicodemo que jamás se borró de su mente, por eso determinó esculpir la imagen del Señor Crucificado. Cuando esto me narró, comprendí entonces que aquellos mancebos eran ángeles y no hombres. Abramos, pues, el cajón".

Aparecía la imagen sobre una cruz hecha como de palma, Tenía todo el cuerpo lleno de sangre, ennegrecido y afeado por los tormentos sufridos, viéndose como de la llaga del costado sobresalía un botón de ternilla. Algunos de los asistentes midieron la imagen y esta tenia dos varas justas, lo mismo que medía Jesús. La vara castellana era una medida de longitud equivalente a 835 mm. y 9 décimas.Tengamos en cuenta que nuestro Titular sufrió una severa restauración en 1865 que cambio en gran medida la fisonomía de la imagen, que estaría según la descripción de la leyenda más en consonancia con los cristos dolorosos del gótico, como lo podemos encontrar en el lienzo de la Secretaría o el óleo del estandarte “pobre” de la Hermandad.

La noticia de la aparición del Crucificado rápidamente se propagó por toda la villa, acudiendo el pueblo en masa ante su presencia, testimoniando de este modo y desde ese momento, la devoción que despertó entre los marcheneros el Santo Crucifijo.

Unida a los milagros -tan queridos por la piedad popular- que se le atribuyeron, serviría de estímulo más que suficiente para que sus devotos se congregasen y formasen una hermandad con el devenir de los años, siendo aprobadas sus Reglas el 15 de Enero de 1556. Próximos a celebrar el 450 aniversario de su fundación, esta imagen sigue congregando el fervor y la devoción de miles de marcheneros como antaño ocurriera con los que la hicieron titular de la que es hasta nuestros días una de las cofradías penitenciales más importantes de esta Villa.

Pero volvamos al relato de la aparición de nuestro Cristo. ¿Quién era ese Nicodemo al que la leyenda atribuye la ejecución del Santísimo Cristo de san Pedro?

Según cuenta San Juan en su evangelio, Nicodemo era un hombre al que señala como poseedor de grandes virtudes, Judío de nación y perteneciente a la secta de los fariseos, (Jn. 3,1) al que el propio Jesús le titula “Maestro de Israel” (Jn. 3,10), y que finalmente se declaró abiertamente discípulo de Jesús cuando José de Arimatea tributó los últimos honores a Cristo, bajándole de la cruz y depositando su cuerpo en la sepultura después de haber limpiado y aromatizado el cuerpo del Nazareno (Jn. 19, 38-42).

Desde ese momento, por su colaboración en esta tarea y por el apoyo que les prestó a los discípulos de Cristo, se convirtió en blanco del enojo de los principales de su nación. Fue expulsado de la Sinagoga, desterrado de Jerusalén y confiscados sus bienes; y solo gracias a Gamaliel, pudo salvar la vida, retirándose con éste a una quinta o casa de campo que distaba según algunos 20 millas de Jerusalén y que denominan Gafargamela, Garfagamala o Kêfaz-Gamla, y donde murió, según testifican San Agustín y Focio en las actas de la Invención de las Reliquias de San Esteban. La iglesia honra su memoria el 3 de Agosto.

Y fue en este exilio, cuando según la tradición, Nicodemo que había quedado profundamente conmovido por la muerte de Cristo en la cruz y que quería reflejar aquel sufrimiento divino sobre la madera. Talló poco a poco el cuerpo de Cristo, “…teniendo impresa en su alma la figura de Cristo crucificado, deseoso de que todos la adorasen por hijo de Dios vivo y redentor de todo el mundo, determinó esculpir una Imagen del Señor crucificado que manifestase la misma integridad del cuerpo y atrocidad de los tormentos”, pero al llegar al rostro no conseguía plasmar tanto sufrimiento. Después de varios intentos se sintió cansado y descorazonado y se durmió. Mientras dormía, soñó que los ángeles esculpían el rostro a la imagen. Al despertar se encontró el rostro de Cristo tal como lo había imaginado: “tenía ya formado todo el cuerpo y faltándole aliento para sacar el rostro, rogando al señor le diera luz y el arte para tan ardua empresa, se quedó dormido; y en este tiempo bajaron los ángeles del cielo y acabaron el rostro de aquella imagen con la perfección que él deseaba, lo que al despertarse vio, quedándose asombrado del portento y del favor sumamente agradecido”.

Pero además de la imagen del Santísimo Cristo de San Pedro, existen otras imágenes de Cristo Crucificado, a las que en parte fruto de la fantasía (tradiciones y leyendas que se han ido recogiendo desde los siglos XIII), de la piedad popular y de la fe misma, se le han venido atribuyendo su ejecución a Nicodemo, y que hoy se veneran repartidas por todo el orbe cristiano. Todas estas imágenes, aparte de este lazo en común de su legendario creador, son poseedoras de unas características comunes: son esculturas muy antiguas, medievales, que se mueven estilísticamente entre el románico y el gótico. Y que en la mayoría de los casos cuentan con unos rasgos, a pesar de las particularidades propias derivadas de su cronología, de extremado patetismo y unción sagrada.

Siempre están acompañadas de legendarias apariciones: flotando en el mar, subiendo contracorriente ríos, transportadas en barcos sin tripulación o traídas por ángeles. Y todas han contado a lo largo de los siglos con un acendrado e intenso fervor del pueblo, tal vez condicionadas por esas extraordinarias apariciones, o por la multitud de milagros que los creyentes le han ido atribuyendo.

Religiosidad popular andaluza.
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